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Mató a sus hijos para no entregarlos al padre que los violaba

El sistema judicial nunca creyó en las denuncias de maltrato contra el padre de los niños. Después de envenenarlos, la madre se suicidó.

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El de Mireya fue un acto de defensa

El 6 de junio fueron hallados cinco cuerpos sin vida en la delegación Magdalena Contreras de la Ciudad de México. Hoy se sabe que se trata de un abuelo, una madre –Mireya–, dos hijas y un hijo; murieron por una sobredosis de medicamentos proporcionados a todos por Mireya, quien después se suicidó.

Mireya había recibido un ultimátum judicial para entregar la custodia de sus hijos al padre de estos. Si no entregaba a los niños, sería encarcelada. Si los entregaba, los niños vivirían con un hombre acusado de violación y maltrato.

Los niños sufrían abuso

El primer abogado de Mireya, Joaquín Alonso González Rivas, quien llevó el caso en la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas A. C., publicó en su perfil de Facebook la historia de esta familia.

El padre agredía física y sexualmente a su hijo y a sus dos hijas gemelas, indica el abogado. Tras un proceso judicial de casi tres años, la sentencia salió en contra de Mireya debido a que según las pruebas periciales en sicología, estaba incapacitada para tenerlos a su cuidado, así que debía entregarlos a su agresor.

Acusa que Mireya tenía en contra “un invento legaloide”, el Síndrome de Alienación Parental (SAP) que no está reconocido por la Organización Mundial de la Salud ni por la Asociación Americana de Psiquiatría. Joaquín González afirma que el SAP pone contra la pared a las mujeres que intentan proteger a sus hijos de padres agresores sexuales y les impide cualquier medio de defensa en contra de la sentencia.

“Soy un ferviente defensor de la vida y por supuesto rechazo el homicidio y el suicidio. Pero en este caso apoyo incondicionalmente la decisión de Mireya (…) Si no hubiera tomado esa decisión, seguramente no se hubiera perdonado jamás entregarle a sus hijos a su violador”.

De acuerdo con el abogado, los niños manifestaron a la jueza décimo primera de lo familiar de la Ciudad de México, Silvia Araceli García Lara, que eran agredidos por su progenitor y ella nunca les creyó. Por eso dice sentirse “triste, frustrado, decepcionado de un sistema judicial arcaico, deshumanizado, desinformado, sin capacitación ni formación en derechos humanos”.

 


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