Política

El presidente y el juego de la división

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Regina del Castillo 

Para un presidente populista, no hay cómo un país pobre. Pobre en todos los aspectos; social, educativo, económico. López Obrador encontró en México su mina de oro. Arrastramos años de rezago, aguantando promesas sin cumplir de candidatos y políticos que sólo vemos hacerse más y más ricos a costa nuestra. Somos gente buena, noble y de eso se han aprovechado, han abusado y así la gente se cansó.

Lo que AMLO prometía era muy difícil, si no imposible de cumplir, pero siempre la ilusión y las ganas de que por arte de magia se solucionen nuestros problemas, le ganó a la mayoría o a los suficientes para llevarlo al poder. Pocos vieron o quizá ignoraron, más bien, el “¡al diablo con sus instituciones!” que hoy nos tiene rezando padresnuestros y avesmarías para que el INE no desaparezca.

Esta desesperación, aunada al hartazgo de la calse política que gobernaba fue la que llevó a tantos a tomar esa decisión, no en todos los casos muy convencida de votar por López Obrador y que fuera el siguiente presidente. Sobre si su decisión fue acertada o no, cada quien sabrá, lo qué sí sabemos todos, es que él no tenía las respuestas, soluciones y programas para resolver el atascadero en el que estamos metidos. 

Lejos de eso, ya como presidente, encontró una fórmula que ya aburre y fastidia de culpar a los anteriores: a Calderón, a los neoliberales, conservadores, periodistas, empresarios, profesionistas, Loret de Mola y hasta el youtuber Chumel Torres. Los culpa de todo lo que pasa y deja de pasar en el país y así librarse de toda responsabilidad, piensa él.

Aquí usa otra arma que le ha funcionado, la que sí duele y, para mí, la más difícil de revertir, la que más daño nos ha causado y la que él más disfruta; la polarización entre la sociedad. Porque los mexicanos podremos ser de todo, pero cuando se trata de ayudarnos entre nosotros no dudamos un segundo, sea quien sea el de al lado, sea lo que se necesite. He visto en estos años familias desechas, amistades de toda la vida que se rompen por desacuerdos sobre AMLO, hermanos que se dejan de hablar. Nuestra  característica de gente noble, buena, dócil, que perdona, la hicimos a un lado para defender a un extraño enemigo, ese que se metió sin permiso en nuestra familia, sin aviso, sin preguntar y cuando nos dimos cuenta, ya nos había dividido. O estás conmigo o estás contra mí. 

A veces creo que es el orgullo el que nos gana, ya dije y ni modo, ahora lo sostengo. Cada quien montado en su burro, jalando para lados diferentes cuando lo que se necesita siempre es fuerza y unión.

La verdad es que me hubiera gustado y mucho, que el presidente me callara la boca. El día que tomó la presidencia sentí un hueco en el estómago, pero positiva como soy dije: ¿qué tan malo puede ser? Vamos a ver, así dije al principio de varios sexenios y no estuvieron tan mal. Madres, ojalá hubiera quedado yo hecha una idiota, nada me habría dado más gusto. Los primeros meses de su gobierno sentí pánico, no podía creer que lo estuviera viviendo: su manejo del Covid, su nulo apoyo a las PyMes, su descarada división de la sociedad. Pero lo que más me aterraba era escuchar a gente que yo creía inteligente apoyar sus decisiones e iniciativas. Las cosas han cambiado desde esos días, se siente la desilusión, la decepción, la traición, nada nuevo bajo el Sol de nuestro adorado país de fantasía y remedios mágicos que prometen que sin mover un sólo dedo, todo quedará solucionado por el resto de la vida.

Quedan los que le siguen apostando a los programas del Bienestar y a las dádivas que sin ton ni son el presidente regala a quienes ve con potencial para seguirlo apoyando. A estos no los suelta aunque sabemos todos, hasta ellos que las limosnas y regalos de este tipo no solucionen ningún problema de raíz, pero los tiene, literalmente, comiendo de su mano.

Si la gente que apoya al presidente le exigiera, otro gallo nos estuviera cantando ahora. Pero estamos en una situación de bandos en la ciudadanía. ¿Votaste por López Obrador? Yo no, somos enemigos. Yo jamás había visto ni sentido esto, porque ningún presidente lo había promovido. Por supuesto que tenemos motivos para estar enojados, indignados, tristes, resentidos, molestos ¡pero no entre nosotros! El presidente y político en turno se va a ir, va a dar la media vuelta y no va a regresar, entonces dejaremos de tirarnos tierra entre nosotros para tirarle al que debemos y nos debe resultados.

Nada le conviene más al gobierno actual que mantener la mayor cantidad de pobres, ignorantes y fanáticos. Así que hará lo que sea por mantenernos así y lo que sigue siendo más beneficioso y funcional para su gobierno: tenernos divididos.

Está en nosotros salir adelante o seguir su juego.


@ReginadelC


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