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Lesbianas conversas: el deseo como lucha

Hay mujeres que se convierten en lesbianas para tener relaciones más igualitarias.

Sexo

Lo más importante para tener relaciones sexuales sanas y placenteras es tener capacidad de decisión y poder decir que sí quieres hacer y que no.

Y de entre todas las prácticas sexuales tal vez la que más capacidad de decisión le exige a sus participantes es ser una lesbiana conversa.

Uf, ¿Cómo definimos eso? A bote pronto, de manera facilona y hasta imprecisa, se trata de mujeres heterosexuales que encuentran insatisfacción en cómo han sido sus relaciones afectivas con los hombres.

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Algunas están decepcionadas del papel que les ha tocado jugar en esas relaciones, donde comúnmente las mujeres viven sometidas no solo al deseo de los hombres, sino que socialmente están por debajo en otros aspectos: ellos asumen posturas de protectores y ellas de indefensas; ellos son capaces de tomar decisiones en su vida y ella solo de seguirlas.

Cansadas de eso, las lesbianas conversas más que buscar experimentar otro tipo de placer en la cama, buscan relaciones más igualitarias fuera de ella.

Es una decisión política sobre cómo quieren que sus cuerpos estén en el mundo, cómo y con quién quieren que se relacionen sus cuerpos.

Selene Romero, lesbiana conversa, lo explica así en una columna que escribió para La Crítica: “Mi cuerpo y mi deseo estaban enfocados en los hombres. Y no, no estoy diciendo que era una lesbiana fingiendo ser heterosexual. No, yo era una heterosexual que creía que se nacía heterosexual y no había forma de cambiarlo”.

Agrega que vive discriminación desde que decidió ser lesbiana conversa pues para las lesbianas ella no es una verdadera lesbiana y para los heterosexuales solo está fingiendo ser algo que no es.

Y es que las lesbianas y los homosexuales han defendido su derecho a sostener la relación sexual con la que nacieron, mientras que las lesbianas conversas ven en la homosexualidad una forma de politizar sus afectos.

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Sin embargo, Selene aclara que es feliz: “En el lesbianismo aprendí a amar a otras y a follar con otras. Sobre todo aprendí a ser yo sola, a no necesitar de un hombre para gozar la vida. Aprendí a tomar de la mano a mis amigas, a abrazarlas y hacerles piojito en la cama. También aprendí a bailar sin mandatos heterosexuales, a bailar a todas horas en todo lugar. Aprendí a desconfiar de lo que ya daba por sentado, y a la posibilidad de habitar en el cuerpo y en el deseo una utopía”.


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